Cinelunes Exquisito / Jorge Ayala Blanco

9 de julio de 2007
EL ONIRISMO AUTOINMOLATORIO. En El Imperio (Inland Empire, EU-Polonia-Francia, 2006), noveno filme del heterodoxo de culto mundial apenas sexagenario David Lynch (Terciopelo azul 86, Mulholland Drive 01), la recontratación de la exestrella entecajada ya sin gracia Nikki Grace (Laura Dern) para que interprete un papel de atormentada esposa adúltera Susan Blue al lado del galán barbilindo Devon/Billy (Justin Theroux) y al mando del director entusiasta Kingsley (Jeremy Irons) y su asistente maquinal Freddy (Harry Dean Stanton), en una película que ya había sido filmada, pero que permaneció inconclusa a raíz del asesinato de sus protagonistas, desencadena una serie de tensas, obsesivas y recurrentes fantasías interiores y exteriores de la actriz que van a fundirse y refundirse con el flujo nocturno la película misma.

El onirismo autoinmolatorio es una inmersión pesadillesca en el imperio de los sinsentidos y algo más, mucho más. El onirismo autoinmolatorio es una metafísica de la confusión entre lo filmado y lo real a modo de jardines bifurcados y ruinas circulares borgeseanas donde una TVpantalla remite a otra en abismo heráldico, risas pregrabadas circundan la tontería de un teatro familiar con orejas de liebre, brotan confesiones desgarradas de traumas sexuales y los fantasmas presentes y pasados asedian físicamente sin cesar entre el tremendismo y la truculencia soñadas de las fatalidades futuras.

El onirismo autoinmolatorio es una fábula paranoica en torno al asedio del desarmado autosacrificialmente encajado en el costado y del felizmente convencional vecino extranjero que aguarda con la agresión en ristre. El onirismo autoinmolatorio es una psicosociología dramaticoreográfica sobre la prostitución conyugal y la invasión de bellísimas prostitutas burlonas del desplomado Este en todas las calles, mansiones suntuosas y antros de Occidente. El onirismo autoinmolatorio es una reflexión desesperada sobre el proceso de envejecimiento y el deterioro inevitable de la mujer, aun asfixiada y sin haber resuelto sus impulsos reprimidos, sujeto de sus demonios interiores inexorcizados, inextirpables.

El onirismo autoinmolatorio es el delirio visionario de la imposibilidad para ver de cara a la sexualidad tanto como a la muerte, que retoma los hallazgos del artista plástico Lynch de sus primeros cortos y al precoz poeta surrealista posbuñueliano de Cabeza borradora (Lynch 77) para circular de nuevo Por el lado oscuro del camino (Lynch 97), cual si fuese la última vez, pero la primera plenamente desinhibida, donde la belleza coexiste con la fealdad, lo repelente con lo hipnótico y la crueldad con la ternura temeraria.

El onirismo autoinmolatorio es la imaginaria e imaginante letanía óptica que entona un mundo sagrado sin Dios, porque éste ha sido sustituido por la ansiedad erótico-tanática y su corriente mística. El onirismo autoinmolatorio es una metaficcional comedia familiar-adúltera primaria vuelta farsa grotesca de lo no-asumido y el soliloquio solitario. El onirismo autoinmolatorio es el metamorfoseado revuerdo de violencias y ultrajes autopropulsados que conforman la vida sexual propia. Y el onirismo autoinmolatorio es una simple vuelta de tuerca a Mulholland Drive que dura tres horas celebrando el grado más alto posible hoy del freudismo trasnochado y de la destrucción que provocan las fantasías plurisexuales al fin realizadas.

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