Cuando entro en calcetines

Dicen los que no saben que pintar relaja. La idea es así: uno se sienta frente al lienzo pensando en lo hígado del rojo hígado, en lo botella del verde botella. Consiguiendo tonos maravillosos y conociendo en el camino toda clase de fauna del bosque que vive siempre feliz. Un proceso en el que se deja de ser el alma en pena que va arrastrando cadenas. Qué condena, para preocuparse únicamente, por pasarlo tan bien como las ardillas color de hígado.

Pues estoy aprendiendo a pintar y atestiguo lo difícil que es. Eso de que la pintura relaja no podría ser menos cierto. Se referirán al olor del aguarrás, quizás. En mi caso malduermo pensando que un color está muy oscuro y me paro a las seis de la mañana a ver que efectivamente está muy oscuro y a repintar. Creo que no voy a descansar hasta echarle la última capa de sellador y haberlo firmado. Es especialmente difícil sombrear los colores, me da la impresión de que esos sombreados se van a notar demasiado. Claro: siempre he dibujado a una sola tinta.

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