----------------------------------------------- */ Blog de Luis Ricardo Ramos: noviembre 2007

Poética

Poética. Aquél poeta que definió su estética como unisex.

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Para el análisis de una película no se requiere saber lo que pasó durante el rodaje. El rodaje es la cocina y la película es el plato terminado y presentado en la mesa. Quién iba a decir que para salir de la escuela de cine, me iba a tocar escribir un recetario.

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Cada semana hago un trabajo hormiga. Entro al cine y veo dos horas de los mismos comerciales, checando que no estén fuera de frame, rayados, sin subtítulos o al revés (o sea subtítulos rayados). Dos horas de ¿Practice, we talking about practice? La hoja de té es rica en antioxidantes. Estaban un chino un gringo y un mexicano. Yo, enutreólogo, nosotros, enutreólogos, (y una niña) yo, enur... uróloga.

Pues hoy la chica que me llevó a la sala para comenzar mi repetitiva labor me despidió con un -Que se divierta.

Igualmente,
le respondí con la cabeza.

El apocalipsis indigente

Análisis de la película No quiero dormir solo de Tsai Ming Liang por Jorge Ayala Blanco (26 de noviembre de 2007)
En No quiero dormir solo (Hei yan quan, Taiwán-Malasia-China-Francia-Austria, 2006), octavo filme del genio del hiperrealismo taiwanés de regreso a su Malasia natal a los 49 años Tsai Ming-Liang (El río 97, ¿Qué hora es allá? 01) el bello vagabundo callado Hsiao-Kang (Lee Kang-sheng, el actor-fetiche de Tsai) sufre una golpiza pavorosa en los suburbios miserables de la multiétnica capital malaya Kuala Lumpur, es rescatado por trabajadores nativos de Bangla Desh, depositado en un cubil-colmena para inmigrantes y puesto en manos del desempleado Rawang (Norman Bin Atun), quien lo cuida devotamente, le frota ungüentos con unción y, sintiéndose más que atraído por su cuerpo, le comparte un colchón recogido en la calle, pero, apenas recuperado, el muchacho también se convierte en objeto del deseo de la meserita de cafetería Chyi (Chen Shiang-chyi), padeciendo juntos la imposibilidad de hallar algún lugar donde copular, así como de la madura jefa del establecimiento (Chua Pearlly), quien sexoconfunde al joven convaleciente con su hijo comatoso en un lecho de hospital (Lee Kang-sheng en un segundo papel), hasta que una pestífera neblina espesa se apodere de la ciudad, provocando la mudanza de todos hacia otros refugios para intentar sobrevivir.

Lee Kang-sheng en No quiero dormir solo.

El Apocalipsis indigente obliga a ser leído y padecido, entre la lentitud y el silencio, como una caótica y enigmática función dramático-atmosférica que sólo se expresa en términos plásticos y de fragmentación del espacio, una fuliginosa fotogenia depresiva en los exteriores, un deprimido magma retórico de planos fijos y eternos, una horrenda mueca moribunda ya con El hocico abierto (Pialat 74), un horadado inframundo, un abandonado edificio en construcción-reducto cuyos abismos concéntricos se abren omnipresentes, un irónico uso-bombardeo de baladas populares en off, un clandestino y esetrellado juego de espejos y reflejos de las mujeres coludidas masajeando/manoseando/metiéndole arteras manos al cuerpo-Teorema pasolinesco de todos tan temido cuan codiciado, una mariposa residual que se posa en el más femenino de los hombros viriles, y una obsesiva metafísica de los colchones usados como camilla por las calles, transportados a duras penas sobre la cabeza, pulguientos, lavados a cepillo rajapiedras, comparatidos cual favorecedores de una promiscuidad impedida, o dolorosamente heridos en su flácida blandura-reflejo de sus dueños.

El Apocalipsis indigente dicta su lentitud emotiva, minimalista, cadenciosa e hipnótica para darle sórdida forma sublime al deseo, a la ternura y la humilde solidaridad a un mundo devastado. Y el Apocalipsis indigente desemboca como última instancia de su feneciente rugido visual, en un abstraído colchón flotante con los tres sobrevivientes y prolongando el desmembramiento del héroe bisexualmente atrapado.

Papada

Y cuando uno voltea la imagen se encuentra con el pobre tipo que atraparon en la sección de policía del diario.

Fraude México 2006 (La historia a destiempo)

La guerra entre hermanos, de liberales contra conservadores, que vivió México durante todo el siglo diecinueve, sólo mantuvo treguas durante las dictaduras violentas (la paz de los sepulcros) de Santa Anna y Díaz, y luego ya a mediados del siglo XX, durante aquella dictadura perfecta del PRI. Pero el resto del tiempo fue guerra. Guerra de Reforma. Revolución Mexicana. Guerra cristera. México y su larga, larguísima guerra civil.

La política, es decir la guerra por otros medios, debería haber sido la solución a nuestros bélicos y psicoanalíticos trastornos. Pero no ha sido así. De la revolución mexicana a la fecha, sólo dos elecciones han sido limpias, equitativas y democráticas, la de Madero en 1910 y la de Fox, en el año 2000. De modo que la democracia ha estado ausente en las aspiraciones de paz y justicia del pueblo mexicano.

Y entonces la guerra entre hermanos resurge en 1988 con el triunfo electoral del movimiento social de izquierda encabezado por Cuauhtémoc Cárdenas, que es arrancado de las manos de la gente por un fraude descomunal operado desde la Secretaría de Gobernación, al tiempo que todos en la tele califican las elecciones como las más limpias, las más democráticas de la historia.

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Los historiadores mexicanos, León Portilla a la cabeza, recuerdan el sometimiento por la fuerza de los pueblos originarios de México desde una "visión de los vencidos", en oposición al cliché que reza que "la historia la escriben los vencedores".

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Dice Bolívar Huerta en Fraude: México 2006 (Mandoki, 2007) que en México hay una libertad de expresión absoluta, pero sólo en los momentos menos oportunos. Ahora, cualquiera habla del Fraude a Cárdenas, pero nadie puede hablar del Fraude a López Obrador.

Tal es la importancia de esta película, que hace desfilar vergonzosa y catárticamente a todos los mendaces analistas políticos que se niegan a ver la evidencia, mientras esta pasa frente a sus ojos y repiten, como en 1988, que no cabe lugar a la duda, que no hay derecho a la inconformidad.

En las urnas, los cientos de miles de votos de más y cientos de miles de votos de menos. Las gráficas de resultados electorales de comportamientos matemáticamente imposibles. Los funcionarios electorales alterando paquetes. Las boletas sin doblar. El tribunal Electoral, desestimando la petición de millones de personas en la calle ("voto por voto, casilla por casilla") finalmente derrotadas. ("El pueblo no pudo evitar el fraude")

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Dicen que la Historia hará justicia. Al menos, aunque sea tarde, hará verdad.

Médicos que no nos recuerdan

No se acordó de mí, se acordó de mi enfermedad y mi fármaco.

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Mad Doctor

Pero le fue peor a aquella señora de la que tampoco se acordaba el médico. ("Sí, vine hace como un mes, usted me revisó...")

Entonces el doctor le pidió que se desvistiera para revisarla de nuevo y al verla desnuda, la reconoció. ("Ah claro, usted tiene dos hijas y...")

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("...Y una vagina memorable")

Cuerpo

Aquella mujer gorda de enormes proporciones antipáticas, que se quejaba en la borrachera de que le dolía todo el cuerpo. Y Eduardo que le preguntaba asombrado.

-¿Taaanto así?

Lema

Su lema era "primero incesto, que baloncesto".

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Cliché de nueva generación: El tristemente chévere.

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Antes, hacerle el caldo gordo a alguien, significaba favorecerlo. Ahora significa quererlo matar de hipertensión.

Halloween

-¿De qué vienes disfrazada?

-De adivina.

-¿De... pastora?

-No, de adivina.

-¿De gitana?

-No, no, de adivina.

-¿De...? ¡No sé! ya dime.

-De adivina.

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