La noche que fuimos campeones

Yo era muy feliz en mi sueño, el Puebla había ganado el campeonato y regresábamos triunfales por la Ignacio Zaragoza en un bicitaxi que tenía dos posiciones, una de espera a seis metros del suelo; y yo que sufro vértigo, estaba excitadísimo. La otra posición del bicitaxi era el arranque, con descenso desde las alturas, entre autos y aficionados de la franja, diez o quince, porque tampoco en los sueños somos multitudes.

Este sueño feliz se volvió realidad, no sólo porque el puebla es campeón, sino porque paralelamente en el sueño de Ireri, yo hacía una escena de celos. Esto lo supongo, porque Ireri me dijo: Tranqui tranqui, es Josa, y de inmediato corrigió, Jota, mientras me propinaba unos golpecitos muy reales en la cabeza que me despertaron. Como le pasa a mucha gente, yo sólo recuerdo los sueños de los que me despierto de súbito. Como le pasa a mucha gente, Ireri habla dormida.

Tras ese despertar de medianoche tuve la opción de ponerme celoso realmente.

-Y quién es ese tal Josa, es decir Jota, por el que me ponía muy celoso en tu sueño.

O seguir con la sensación de felicidad del sueño propio. Sensación que también se debía a que se me había ocurrido un post para este blog y lo tenía presente.

Ése, que entonces me parecía un gran post, no merece tanto la pena, abajo ya del bicitaxi de campeones.

Foto Cortesía de.

Hojalatero

Anoche que regresamos de Atlixco, pasamos a la oficina por mi auto. Cuando salía de reversa le pegué a una palmera. Me bajé, vi el golpe -se rompió la facia un par de centímetros- el vigilante me dijo.

-Uy, usté solo se lo hizo.

Cuando Ireri inspeccionaba el golpecito descubrimos algo más. Alguien había rayado la pintura de las puertas, el frente, los costados de mi auto con una navaja. Con algo más filoso que una llave.

Pasó algo de lo siguiente.

Alguien me odia. Alguien de pensamiento conservador quiso causarle daño a una persona que porta una calcomanía de López Obrador. Alguien quiso causarle daño a otra persona, así sin razón, y resulté ser el afortunado ganador.
No se habían vivido días tan felices con pasajeras de metro tan pasguatas. (2005)

La forma más extraña que conociste a alguien

La forma más extraña que conocí a alguien fue la siguiente. Un hombre se me acercó haciéndose pasar por un alto militar francés y me preguntó sobre la situación política de México. Estábamos Ireri y yo entre esculturas de José Luis Cuevas y en un rato que me senté en una banca, el hombre se sentó junto a mí. Falso militar falso marido de una mujer, eso sí auténticamente rubia, recortada de una revista, lanzando una serie de mentiras en falso acento francés. Ireri vino y escuchó el final de la charla. Se soltó un viento muy frío. Entonces él se largó con su maletita verde oliva del baño de vapor, entre la gente que venía del mitin contra el fraude electoral.

A Ireri le parecía absurdo alargar una plática llena de mentiras. A mí, muy normal.

El analfabeta político / Bertolt Brecht

El peor analfabeta es el analfabeta político. No oye, no habla, no participa de los acontecimientos políticos.
No sabe que el costo de la vida, el precio del frijol, del pan, de la harina, del vestido, del zapato y de las medicinas, dependen de decisiones políticas.
El analfabeta político es tan ignorante que se enorgullece y ensancha el pecho diciendo que odia la política.
No sabe que de su ignorancia política nace la mujer abusada, el menor abandonado, y el peor de todos los bandidos que es el político corrupto, mequetrefe y lacayo de las empresas nacionales y multinacionales.

Insiste

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