Ricardo contra las ratas de alcantarilla

Hoy me enfrenté contra una rata en el patio de servicio. Fue un duelo de estrategias. No como mi duelo nocturno contra el mosquito lento de zumbido estruendoso. ¿Qué mosquito puede sobrevivir así? Contra esta rata, que ya tenía nombre, Ximil, y que según varios testigos había pasado hace un año, todavía joven, corriendo a toda velocidad desde el jardín hasta el patio de servicio y, tras búsquedas escobas en mano, venenos encapsulados, cubetadas de agua hirviente y engrudo regular para pegar carteles, desapareció así nomás sin dejar huella. Hasta hoy, que regresó convertida en una gorda y nada ratatouillesca bestia.

Me encerré con ella entre las cuatro paredes del patiecito de servicio, como en los hexágonos de peleas a muerte. Golpeé la bolsa de basura, de la que salió corriendo y se fue literalmente por el caño del lavaderito hacia las cloacas. Esta rata, descubrí su modus operandi, venía cada tres días, abría la bolsa de basura, degustaba algunas viandas y volvía al anonimato, aprovechando que nosotros nunca íbamos a su guarida, más que a correr, que ahí viene la basura.

Frase hecha apropiada para este momento: Cuál sería mi sorpresa. Pues cuál sería mi sorpresa, al verme víctima del destino un par de horas después. Cuando me encontró en un lote baldío del Paseo de San Francisco, a kilometros del patio de servicio, cargando unos libros yo, y saltando entre la hierba ella; gritando yo, como aquellas que son niñas y no gritan como niñas y saltando de miedo. Tú ganas, le dije. Déjame ir en paz.

Cuando entro en calcetines

Dicen los que no saben que pintar relaja. La idea es así: uno se sienta frente al lienzo pensando en lo hígado del rojo hígado, en lo botella del verde botella. Consiguiendo tonos maravillosos y conociendo en el camino toda clase de fauna del bosque que vive siempre feliz. Un proceso en el que se deja de ser el alma en pena que va arrastrando cadenas. Qué condena, para preocuparse únicamente, por pasarlo tan bien como las ardillas color de hígado.

Pues estoy aprendiendo a pintar y atestiguo lo difícil que es. Eso de que la pintura relaja no podría ser menos cierto. Se referirán al olor del aguarrás, quizás. En mi caso malduermo pensando que un color está muy oscuro y me paro a las seis de la mañana a ver que efectivamente está muy oscuro y a repintar. Creo que no voy a descansar hasta echarle la última capa de sellador y haberlo firmado. Es especialmente difícil sombrear los colores, me da la impresión de que esos sombreados se van a notar demasiado. Claro: siempre he dibujado a una sola tinta.

Yo mimé conmigo

Mi colaboración para "conversaciones ajenas" es una conversación propia. Una chica se despide de su amor en la puerta. "Me haces muy feliz", le confiesa.

-Y yo a ti, contesta el redundante enamorado.

The card is just not a card!

-¿Ya tienes tarjeta de crédito?

-Sí, ya, gracias.

-¿Ya tienes tarjeta de crédito?

-No, no me interesa.

-¿Ya tienes tarjeta de crédito?

-No me la darían, mi hermana defraudó al banco.

-¿Ya tienes tarjeta de crédito?

-Todos los días me dices lo mismo. Algún día me convencerás.

-¿Ya tienes tarjeta de crédito?

-Rof, guarf.

-¿Ya tienes tarjeta de crédito?

-Qué te pasa, yo soy el que las doy.

-¿Ya tienes tarjeta de crédito?

-Espera. ¿Tú eres el que llama en las noches para cobrarme?

-¿Ya tienes tarjeta de crédito?

-Las que te adornan.

-¿Ya tienes tarjeta de crédito?

-Tengo flores en tu pelo.

-¿Ya tienes tarjeta de crédito?

-Así se llama mi perro.

-¿Y usted, ya tiene tarjeta de crédito?

Hierbabuena

Actualización. La hierbabuena tiene una plaga. La hierbabuena es mi consentida de todas las plantas. De verdad, la amo como la mascota que nunca tuve. Alguna vez tuve un pez, Noé, pero saltó al suelo al segundo día, el maldito. Creo que Noé no puede ser medida de amor alguno. Uno tiene que poder acariciar, oler al objeto de su amor. Prepararse mojitos con él. Quitarle la lombriz.

Cinelunes Exquisito

Como un servicio a la comunidad reproducimos el Cinelunes Exquisito que habló ayer de Inland Empire (Lynch 06), cuando nadie se lo esperaba.

Luchi

Una broma cinco estrellas

Ocho cosas que no sabe usted de mí. (Respondiendo a Julio y a Pili). Dormí con Van der Saar. Mismo hotel, cuartos separados.

Más gente sostiene que mis dibujos valdrán mucho, de los que están dispuestos a comprar uno.

Empecé este blog rezando todas las noches.

He inventado varios discursos de agradecimiento del Óscar.

La broma más exitosa que he hecho, fue citar a los testigos de Jehová todos los sábados a las nueve de la mañana, en la casa de Ireri.

Ya sé bailar fenomenal, como Fred Astaire...

Una flor voló dentro de mi auto y se fue por la ventanilla.

Hice campaña por el Peje, tocando casa por casa.

Ya son ocho.

Tambien llueve en second life

Entras a second life y te haces un personaje más a modo, mejor favorecido, más simpático, que habrá de caerle mejor a la gente que como tú, vuela, charla, trabaja y se encuera de medio tiempo en su computadora, por el puro gusto.

Nunca falta, claro está, el que resulta más pesado en second life que en la vida normal; y se va trasladando, al paso de las horas muertas, con su peinado excéntrico, al rinconcito más cutre de un idilio, en el que no sabe más que sentarse al piano (sin tocar).


El analfabeta político / Bertolt Brecht

El peor analfabeta es el analfabeta político. No oye, no habla, no participa de los acontecimientos políticos.
No sabe que el costo de la vida, el precio del frijol, del pan, de la harina, del vestido, del zapato y de las medicinas, dependen de decisiones políticas.
El analfabeta político es tan ignorante que se enorgullece y ensancha el pecho diciendo que odia la política.
No sabe que de su ignorancia política nace la mujer abusada, el menor abandonado, y el peor de todos los bandidos que es el político corrupto, mequetrefe y lacayo de las empresas nacionales y multinacionales.

Insiste

....