La historia que empezó el viernes

A Raulín

En 1997 acudías a la Cinemateca Buñuel y todo era nuevo. Lo nuevo no era el edificio, que de hecho es tan viejo, que Juan de Palafox, el obispo, mandó construir un túnel que comunica por debajo de la cinco poniente a la catedral de Puebla con la taquilla de la sala. Era nuevo como si hubieras recibido el don de lenguas y de repente entendieras alemán. En ese lugar, con el programa de mano en forma de cuadrito, conocí el cine de Fassbinder, Herzog. Habitación 666 y oí la voz de Godard por primera vez. Y vi "Yo te saludo, María"; en la que una virgen heroína embarazada juega basketball.

Eso a cualquier adolescente le cambia la vida.

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En el Ficco pasado me quejé con Jorge Ayala Blanco de que "en Puebla no hay nada".

-Hay que hacerlo todo, entonces. -Me respondió.

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Y por sorpresa, la UAP inauguró el viernes un cineclub universitario en su Centro Cultural Universitario con "Sin aliento" de Godard, la película con la que el cine comenzó de nuevo. Fui esperando una proyección en video en un salón de clases y me topé con una proyección 16mm en una sala tipo estadio.

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Una vez, un amigo llevó a su sobrino al cine cerca de su casa, que presumía sus "salas tipo estadio". El sobrino entró a la sala y vio un poco desilusionado las butacas, iguales a los de todos los cines que conocía. Supongo que viniendo la invitación de mi amigo, imaginaba un estadio, estadio.

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Bueno, empecé a saltar, literalmente de gusto. Tanto, que estoy -con la escasez de programas de mano que hay- transcribiendo y presentando el ciclo de inauguración completo, en este blog. Cuántos adolescentes verán su vida cambiada por Michel Poiccard y compañía. Cuántos se irán de pinta al cine y no a las cervecerías que les dan botellas de ron, a cambio de que se desnuden. Cuántos cómplices habrá. Cuántos nuevos amigos -como tengo el gusto de tenerlos yo- pueden ir a Berlín y decir, viendo a las voceadoras callejeras:

- "New York Herald Tribune".

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El analfabeta político / Bertolt Brecht

El peor analfabeta es el analfabeta político. No oye, no habla, no participa de los acontecimientos políticos.
No sabe que el costo de la vida, el precio del frijol, del pan, de la harina, del vestido, del zapato y de las medicinas, dependen de decisiones políticas.
El analfabeta político es tan ignorante que se enorgullece y ensancha el pecho diciendo que odia la política.
No sabe que de su ignorancia política nace la mujer abusada, el menor abandonado, y el peor de todos los bandidos que es el político corrupto, mequetrefe y lacayo de las empresas nacionales y multinacionales.

Insiste

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