Calamaro rompe jarrones en hotel de Puebla

De lo que pasó después, es fácil hablar. Calamaro acusó al hotel de que alguien le robó dos computadoras personales. Como el hotel no se hizo responsable por los objetos no entregados en la caja, Andrés tres pies montó en cólera y rompió un tibor de un metro, aproximadamente. O sea, un promedio entre su estatura y la de Candy Caramelo.

Del concierto, el recuento es más difícil. Me acuerdo que el autor de Bienvenidos al hotel, quiso entrar al coro aquél de: porque sí, porque sí, porque sí; una estrofa antes, en Sin documentos, cosa que cualquiera puede relatar, menos el reportero de Milenio Puebla. También la euforia del público por corear Olé olé olé Andrés, pero ninguna euforia por ovacionar a Tito Dávila, tanto que el argentino exclamó: "Si van a aplaudir así, voy a llorar".

Antes, Copa Rota, El salmón, La parte de adelante. Ese juntarse bajo y guitarras para tocar agachados, codo con codo, frente al público; como los Stones. Esos pantalones entubados a la Bob Dylan. Ireri que muere un poco con Tuyo siempre, y a mí, que me encanta oírlo: Quiero arreglar todo lo que hice mal, todo lo que escondí, hasta de mí.

Y otra vez, como en octubre, terminó Estadio Azteca con el Martín Fierro.

“Gracias le doy a la virgen/ gracias le doy al Señor/ Porque entre tanto rigor y habiendo perdido tanto/ no perdí mi amor al canto, ni mi voz como cantor”.

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