El día que me quise amparar contra el EFICINE: Cabeza de buda

El zombie Videocine, filial para bodrios cinematográficos de Televisa, ha recibido un aliento vital con el EFICINE —el artículo 226— que permite a cualquier empresa en México, deducir de sus impuestos el dinero que aporta a la producción de una película, al 100%.

De modo que se lanzaron a realizar la caricatura de su pobre vida telenovelera, con ánimos de profundidad ("me encanta ser profunda") y un elenco encabezado por el primer actor y gurú del CEA Eugenio Cobo, en el papel de sí mismo, dando cátedra doquiera que va.


Kuno Becker y Silvia Navarro en Cabeza de Buda.

El patetismo autorreferencial narra la historia de un actorcete de Televisa (Kuno Becker, gritando) animado por su frívola bailarina compañera (Silvia Navarro, bailando en Medium Close Up, incapaz de alzar una pierna) a curiosear y ser perseguidos por 4 fans en la Lagunilla, para descubrir, a la vuelta de la esquina en el primer bazar, al falso gurú, coleccionista Doctor Psiquiatra (Eugenio Cobo, con sonrisa de Siddharta eterna) pujando por la cabeza tallada del título. Silvia gana la puja y Kuno paga. A la salida, Don Kuno lanza un budazo en la cabeza —suficiente para matar— al primer ladronzuelo inepto que los amenaza con una fusca. La culpa, a su vez, invade al insomne Kuno, quien cae en la cárcel, siente que el Buda se burla de él, conoce el amor con una gordita ángel (Irán Castillo), única fotógrafa en la ciudad, que lo saca del bote; se reconcilia con la madre del ladroncillo sarniento y recibe finalmente el consuelo al encontrarse y trabar amistad con un niño que juega a los piratas en la sala de espera exterior del Doctor Psiquiatra —recomendado por la gordita—, para resultar unos minutos más tarde, que ese niño es, al mismo tiempo, hermano del ladrón, el doctor mismo, el coleccionista de la Lagunilla y la estatua orinante del jardín. Permiso, voy a orinar.

Archifamosos que luego nadie conoce en la calle, heridas en la cabeza que aparecen un plano más tarde del budazo. Líneas asquerosas asesoradas por Beatriz Novaro ("Cien años de soledad está en la cabeza del lector"). Cliché del cliché de la vida de cineastas, de la sensualidad femenina, siempre dirigida por el hombre, del budismo ultrashallow predigerido. Look de un video tan mal iluminado, encuadrado y operado, que hace extrañar el sistema de producción en set de La Familia Peluche. Incapaces cada uno de ellos, de retratar bien, siquiera a los frívolos personajes que querían autocaricaturizar.

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