Una hija en tres meses

Fecha probable de parto: en tres meses. Sensación: múltiple.
No dio tiempo de algunas cosas. Será un poco después la desaparición de la homofobia, la victoria sobre el racismo, la pobreza, el clasismo, la contaminación y la actividad volcánica.

Su padre, (yo) todavía no es del todo alguien que sea motivo de orgullo. Aunque queda el consuelo de que el orgullo es algo muy subjetivo. Quizá le enorgullezca que su padre nunca cambió de equipo de futbol o que nunca votó por el PRI ni por la derecha. Ojalá.

Llega mi hija en tres meses y no tenemos aún su cuarto listo. Ya pusimos alguna ropa en su closet, de colores diferentes al rosa, hemos ido acumulando juguetes para ser obrera, artista, feminista, científica y escondemos los juguetes de princesa, señora presumida y señorita del jetset.

La decisión no es nuestra, solo el anhelo. La madre es fantástica, podría hacerlo bien aunque yo lo hiciera todo mal, esa es la idea, dejárselo todo a ella. No es cierto.
Mi hija se llama Laia -o quizá se llama Violeta-. Creo que me escucha, pero no creo que tenga idea, jamás, de lo que se siente esperarla.
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El analfabeta político / Bertolt Brecht

El peor analfabeta es el analfabeta político. No oye, no habla, no participa de los acontecimientos políticos.
No sabe que el costo de la vida, el precio del frijol, del pan, de la harina, del vestido, del zapato y de las medicinas, dependen de decisiones políticas.
El analfabeta político es tan ignorante que se enorgullece y ensancha el pecho diciendo que odia la política.
No sabe que de su ignorancia política nace la mujer abusada, el menor abandonado, y el peor de todos los bandidos que es el político corrupto, mequetrefe y lacayo de las empresas nacionales y multinacionales.

Insiste

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