Todo el mundo tiene a alguien menos yo

Por Luis Ricardo.
En "Todo el mundo tiene a alguien menos yo", ópera prima del CUEC dirigida por Raúl Fuentes; la editora esnobísima Alejandra (Andrea Portal) y una preparatoriana María (Naian Norvind), se conocen, ligan y salen, yendo de la referencia homosexual de Platón al baile que no se acostumbra hacerle al jazz; Raúl parece haberse propuesto --no aquello de no repetir emplazamiento, como en el corto previo "Yo estaba ocupada encontrando respuestas..."-- sino hacer los criscroses más extraños posibles, de la cámara baja en un picnic al estilo Ozu, con el aire en las espaldas, a los planos y contraplanos correspondientes casi en el eje de miradas, pero verticalmente.

Naian Norvind
De la cámara fija que dura y dura, a la Jarmusch en postcoitum (¡atención público conocedor!), pasando por un top shot en el que el peinado, el filtro y los diálogos son del más clásico Marlene y Fassbinder, musicalizado como los mismísimos dioses, con un rock americano indie de muchísima altura; amén de cantidad de insultos al gusto común y la juventud desenfrenada, que nos recuerdan la genial Ghost World.



Con la esperanza de su próximo estreno, me ahorro profundizar en el análisis y me quedo en la más cariñosa invitación. Sé que no la dejaremos pasar de largo, porque conozco un objeto de culto instantáneo cuando lo miro, y porque solos y solas seguramente habemos más de uno.

Una hija en tres meses

Fecha probable de parto: en tres meses. Sensación: múltiple.
No dio tiempo de algunas cosas. Será un poco después la desaparición de la homofobia, la victoria sobre el racismo, la pobreza, el clasismo, la contaminación y la actividad volcánica.

Su padre, (yo) todavía no es del todo alguien que sea motivo de orgullo. Aunque queda el consuelo de que el orgullo es algo muy subjetivo. Quizá le enorgullezca que su padre nunca cambió de equipo de futbol o que nunca votó por el PRI ni por la derecha. Ojalá.

Llega mi hija en tres meses y no tenemos aún su cuarto listo. Ya pusimos alguna ropa en su closet, de colores diferentes al rosa, hemos ido acumulando juguetes para ser obrera, artista, feminista, científica y escondemos los juguetes de princesa, señora presumida y señorita del jetset.

La decisión no es nuestra, solo el anhelo. La madre es fantástica, podría hacerlo bien aunque yo lo hiciera todo mal, esa es la idea, dejárselo todo a ella. No es cierto.
Mi hija se llama Laia -o quizá se llama Violeta-. Creo que me escucha, pero no creo que tenga idea, jamás, de lo que se siente esperarla.

El analfabeta político / Bertolt Brecht

El peor analfabeta es el analfabeta político. No oye, no habla, no participa de los acontecimientos políticos.
No sabe que el costo de la vida, el precio del frijol, del pan, de la harina, del vestido, del zapato y de las medicinas, dependen de decisiones políticas.
El analfabeta político es tan ignorante que se enorgullece y ensancha el pecho diciendo que odia la política.
No sabe que de su ignorancia política nace la mujer abusada, el menor abandonado, y el peor de todos los bandidos que es el político corrupto, mequetrefe y lacayo de las empresas nacionales y multinacionales.

Insiste

....