Los hábitos más odiosos de los locutores de Puebla

Aquí vamos con las cosas más odiosas de los locutores de Puebla, de la estación en la que trabajo y de todas las demás, en particular de las frecuencias públicas y culturales. Por supuesto que yo mismo puedo ser uno de los flagrantes culpables de estas costumbres radiofónicas.
  1. Hacer voz de niños o de personajes de caricatura en los programas infantiles. ¿No han pensado que la gente puede ser divertida para los niños?
  2. Cortar las canciones para ponerse a hablar.  Año 1980. El locutor de media noche con voz sexy pasa llamadas al aire y de fondo se escucha una canción cachonda, que sube y  baja de volumen a placer. Este hábito es feo porque implica --aunque sea inconscientemente-- que lo que él o ella tienen que decir es más importante que la música, siempre cortable, bajable de volumen y mandable al fondo.
  3. Hablar y hablar sin poner ninguna canción. Un locutor puede o no ser profe, pero ante el micrófono se siente en conferencia magistral y nos sorraja sus opiniones una tras otra. La locución como medio de exposición personal y forma de hacer carrera como figura pública. Al diablo la audiencia.
  4. Que las conductoras realicen tareas secundarias, como dar los teléfonos y lleven secciones menores, como el clima o los espectáculos. Esto no sólo es odioso, sino criminal, porque reproduce un sexismo desde la radio y la televisión. En esto la radio comercial está mucho más adelantada, porque las estrellas de la radio grupera y popular son femeninas.
  5. El abuso del lugar común. Para graduarse de la escuela de comunicación, los periodistas, especialmente deportivos, deben acuñar metáforas domingueras o les niegan la cédula profesional. Al parecer, hay un manual que prohibe consultar el diccionario de sinónimos y antónimos, de manera que toda la vida escucharemos las frases siguientes: "el vital líquido", "el esférico" y "la máxima casa de estudios".
  6. Asumir que la audiencia necesita que le expliquen todo. Entre más cultural se asume el locutor, más obligado se siente a decir palabras rebuscadas para luego fingir ruborizarse por todos nosotros --pobres iletrados-- que seguramente no entendemos su altísima Kultur.
  7. Dar el santoral como noticia. Esto es tradición en la radio y TV de Puebla. El ritual es el siguiente: Una mujer (punto 4) dice el Santoral católico "hoy festejamos a Clodomiro..." En ese momento chusco otro de los conductores, casi siempre un hombre, dice "¿Quién se llama Clodomiro?". (Sonrisas).
Luis Ricardo Ramos

Luis Ricardo
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El analfabeta político / Bertolt Brecht

El peor analfabeta es el analfabeta político. No oye, no habla, no participa de los acontecimientos políticos.
No sabe que el costo de la vida, el precio del frijol, del pan, de la harina, del vestido, del zapato y de las medicinas, dependen de decisiones políticas.
El analfabeta político es tan ignorante que se enorgullece y ensancha el pecho diciendo que odia la política.
No sabe que de su ignorancia política nace la mujer abusada, el menor abandonado, y el peor de todos los bandidos que es el político corrupto, mequetrefe y lacayo de las empresas nacionales y multinacionales.

Insiste

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