----------------------------------------------- */ Blog de Luis Ricardo Ramos: mayo 2014

El faro, cuento de Juan José Arreola

Lo que hace Genaro es horrible. Se sirve de armas imprevistas. Nuestra situación se vuelve asquerosa.

Ayer, en la mesa, nos contó una historia de cornudo. Era en realidad graciosa, pero como si Amelia y yo pudiéramos reírnos, Genaro la estropeó con sus grandes carcajadas falsas. Decía: "¿Es que hay algo más chistoso?" Y se pasaba la mano por la frente, encogiendo los dedos, como buscándose algo. Volvía a reír: "¿Cómo se sentirá llevar cuernos?" No tomaba en cuenta para nada nuestra confusión.

Amelia estaba desesperada. Yo tenía ganas de insultar a Genaro, de decirle toda la verdad a gritos, de salirme corriendo y no volver nunca. Pero como siempre, algo me detenía. Amelia tal vez, aniquilada en la situación intolerable.

Hace ya algún tiempo que la actitud de Genaro nos sorprendía. Se iba volviendo cada vez más tonto. Aceptaba explicaciones increíbles, daba lugar y tiempo para nuestras más descabelladas entrevistas. Hizo diez veces la comedia del viaje, pero siempre volvió el día previsto. Nos absteníamos inútilmente en su ausencia. De regreso, traía pequeños regalos y nos estrechaba de modo inmoral, besándonos casi el cuello, teniéndonos excesivamente contra su pecho. Amelia llegó a desfallecer de repugnancia entre semejantes abrazos.

Al principio hacíamos las cosas con temor, creyendo correr un gran riesgo. La impresión de que Genaro iba a descubrirnos en cualquier momento, teñía nuestro amor de miedo y de vergüenza. La cosa era clara y limpia en este sentido. El drama flotaba realmente sobre nosotros, dando dignidad a la culpa. Genaro lo ha echado a perder. Ahora estamos envueltos en algo turbio, denso y pesado. Nos amamos con desgana, hastiados, como esposos. Hemos adquirido poco a poco la costumbre insípida de tolerar a Genaro. Su presencia es insoportable porque no nos estorba; más bien facilita la rutina y provoca el cansancio.

A veces, el mensajero que nos trae las provisiones dice que la supresión de este faro es un hecho. Nos alegramos Amelia y yo, en secreto. Genaro se aflige visiblemente: "¿A dónde iremos?", nos dice. "¡Somos aquí tan felices!" Suspira. Luego, buscando mis ojos: "Tú vendrás con nosotros, a dondequiera que vayamos". Y se queda mirando el mar con melancolía.

FIN
Luis Ricardo Ramos #ARPABUAP
Luis Ricardo Ramos, artista de la BUAP

Primer aniversario de la carrera de cine de la BUAP (ARPA)

Lo han dicho muy bien mis compañeros. Han descrito el espíritu que nos impulsa en esta Escuela de Artes Plásticas y Audiovisuales. Debo decir que yo no soy de ese núcleo germinal, yo llegué después, en las condiciones que relataré a continuación. 
Un día, después de que fue aprobada la carrera, me llamó Enrique, coordinador de la licenciatura en Cine de la Autónoma de Puebla, y el estómago me dio un vuelco.

Es justamente una historia de película. No de esas películas taiwanesas que paso en clase, sino del tipo de los Blues  Brothers o de los Muppets. (Hay que juntar a la banda, ¿dónde está Luis Ricardo?) Yo había dejado de dar clases de cine en la universidad privada. Les diré la razón. Mi trabajo era el más fácil del mundo. Yo era el adjunto de los maestros de Lenguaje del Cine, ganaba más o menos el triple de lo que ahora gano en la UAP, pero no me gustaba. Lo que hacía era dibujar, escuchar la clase de mis compañeros --excelentes compañeros, eso sí-- y decir algo, a veces; esa opinión estaba tasada al tabulador más alto de la universidad.

ilustración de luis ricardo ramos
El ideario de ARPA UAP, libreta de Luis Ricardo
La vida fácil nunca me ha gustado, de manera que pedí a nuestro coordinador dar alguna clase por mi cuenta, pero no había mucho lugar, de manera que me fui separando. Afortunadamente para mi vida financiera, estudiaba la maestría en educación y había obtenido una plaza de maestro en la SEP. Daba "Historia de la Educación en México". Así estaba yo, hablando de Justo Sierra y del Tepochcalli; sindicalizado, escalafonario, basificado, cuando recibí la llamada de Enrique: 
--Maestro Ramos, deje usted lo que está haciendo, su cinematográfica vida no está acabada, el sueño continúa, puede usted volver a volar y a gozar del insomnio creativo que lo levanta del piso a treinta centímetros, porque la hora de la Historia ha llegado.
 Palabras más, palabras menos.



Luis Ricardo

A Alfredo Figueroa y la revolución triunfante de 1961

Repito en mi cabeza la historia como la escuché de uno de sus protagonistas. El 1 mayo e 1961 un grupo de estudiantes, entre ellos Alfredo, quien era un preparatoriano alto y fuerte, llamaron a la puerta del edificio Carolino, sede de la Universidad Autónoma de Puebla. Los estudiantes contaban con la confianza del "cochís", que es como llamaban a los trabajadores de mantenimiento y limpieza de la universidad. El cochís abrió y los estudiantes entraron, diez, veinte de ellos. Cerraron la puerta y anunciaron que desde ese momento, la universidad de Puebla estaba en control del pueblo. Se levantó un acta notarial y sellaron la oficina de la rectoría.

Sesión de Consejo Universitario en el Paraninfo de la UAP, ca. 1961.
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La universidad, antes "Colegio del Estado", era un núcleo tan conservador  como las preparatorias católicas. Los alumnos de la UAP eran jóvenes de dinero, o de familias que hacían un esfuerzo económico grande para darle estudios a sus hijos, varones, casi todos. Acudían a clase de traje y sombrero, los que no tenían sombrero iban de gorra, hasta que trabajaban y podían comprarse uno. Cada fin de año escolar, una "junta de gobierno", autoridad por encima del Consejo Universitario que se vestía con ridículas togas y birretes, realizaba una misa solemne con la presencia del arzobispo de Puebla, en ese entonces, Márquez y Toriz.

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La noche del 1 de mayo de 1961 se llevó a cabo una sesión extraordinaria del Consejo Universitario, se definió que "Si el grupo que tiene ahora en su poder el edificio (...) es mayoría (...) el sentir de los 4,000 estudiantes que exigen la renuncia de las autoridades universitarias, esta se llevará a cabo” (TIRADO, G. 2012). La asamblea ocurrió días después y eligió el día 9 al doctor Julio Glockner como rector de pleno derecho. Los grupos conservadores salieron hacia otras sedes, como el conservatorio de música o la facultad de medicina. Los "carolinos", como fueron llamados los bolcheviques poblanos que asaltaron el Palacio de Invierno carolino, llamaban a los disidentes de manera burlona "la universidad portátil" o "la universidad ambulante".

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Si el movimiento de "reforma universitaria", como se denomina al grupo que tomó el Carolino en 1961, hubiera fracasado, si el gobierno de la universidad hubiera recaído en manos de quienes lo tuvieron siempre, aun así sería digno de contarse el episodio. En una familia de gente de izquierda, todos tenemos anécdotas de lucha. Yo por ejemplo puedo contar el "huelga" que canté con el Mosh en 2002, desde  luego en tono casi de comedia. Pero fijémonos bien, el único que puede contar que participó en una revolución triunfante es Alfredo, aunque no lo hace nunca. 

Afortunadamente para mí, lo contó una vez en Chiapas. Me contó cómo tomaron el edificio Carolino y cómo lo defendieron. Desde ese día lo repaso en la memoria: cochises, gobernador Madrazo, "la universidad ambulante", la junta de gobierno vestida con ridículas togas y birretes y claro, la maravillosa asamblea general capaz de poner como rector a un médico especialista en enfermedades venéreas, que recibía en su casa a sus alumnos para que comieran bien.

Años después, cuando mejoraron las condiciones económicas de la universidad, los cochises y todos los trabajadores ganaron derechos nunca vistos en instituciones análogas. Uniformes, zapatos, vacaciones, salarios mejores. Se logró el voto universal para la elección de las autoridades, los jóvenes de clases medias y los hijos de los obreros accedieron por primera vez a la educación superior. Entre ellos, mi papá, quien fue el primero en su familia en recibirse de ingeniero. La revolución que estalló el 1 de mayo de 1961 triunfó.

Todo mi cariño y reconocimiento a Alfredo Figueroa Ayala, padre de mi compañera Ireri. ¡Gloria Universidad, laica, gratuita y popular!



REFERENCIA
TIRADO, G. (2012) "PUEBLA. A 50 AÑOS DEL MOVIMIENTO ESTUDIANTIL DE 1961". Foro Universitario. Número 21, enero-marzo 2012. México D.F.: STUNAM.

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